martes, 12 de marzo de 2013

“Cuando el destino nos alcance”


Por el Prof. Abelardo Ahumada González

Hace 42 años se proyectó la película Cuando el destino nos alcance, protagonizada por Charlton Heston, un actor que estaba entonces en la cumbre de su carrera, después de haber protagonizado también Los Diez Mandamientos y Ben Hur. 
Esa película hablaba tanto de las consecuencias que podría desencadenar en el mundo una guerra mundial en la que imperaran armas atómicas, como de la contaminación de otras índoles que ya desde entonces comenzaba a preocupar a algunos científicos. Y casi sobra decir que el desenlace de aquel planteamiento no era esperanzador, ya que el “soilent green”, en forma galletas y jugos que ciertas empresas coludidas con el gobierno le vendían como único alimento a la gente, no era más que el subproducto de cuerpos humanos ya fallecidos, a los que se les trataba para convertirlos en dichos jugo y galletas, pues ¡no había más nada que comer en el mundo!
Tal vez no lleguemos nunca a una situación similar a ésa, pero es claro que ya hay algunas mega-ciudades (como el De Efe) a punto de colapsarse ambientalmente hablando y que, si se sostienen, es porque se les inyectan miles de millones de pesos que no remedian sino disminuyen sus respectivos problemas. Siendo uno de los más notorios el del transporte público. Transporte que cada día es más lento e ineficiente, y para el que no bastan todas las vialidades que se abren y acondicionan porque cada día son más los automóviles que se adquieren y circulan por todas ellas.

En Guadalajara, sin ser tan desmesurada, ya se percibe ese mismo fenómeno durante “las horas pico” y, sin ir más lejos, ya hay algunas de nuestras propias vialidades en las que dicho problema es perfectamente palpable.
Con el propósito de resolver dicho asunto, el Instituto de Planeación de Colima (IPCo), que actualmente dirige el Ing. Jesús Ríos Aguilar, acaba de organizar el Segundo Congreso Regional de Movilidad y Transporte, que se llevó a cabo apenas el jueves 28 de febrero y el viernes 1 de marzo. Mediante el desarrollo de un interesante e intenso programa, en el espacio de la Feria de Colima donde suelen instalar cada año sus stands los diez municipios. Y entre la temática que se abordaría, estaban algunas muy interesantes ponencias, como: “Oportunidad para una mejor organización de los concesionarios del transporte público”; “Programa Nacional para el Desarrollo y Modernización del Transporte Público”; “La Actualidad y el futuro del transporte público en Colima” y “El transporte y el cambio climático global”. Contando, dentro del mismo evento, con la exhibición de diferentes autobuses para el transporte urbano que vinieron a presentar siete armadoras de marca.

Interesado en los temas acudí al Congreso (abierto para todo público), casi sólo para lamentar la ausencia (o la presencia fugaz, que es lo mismo) de las autoridades del ramo y sus subordinados; así como el evidente desinterés que manifestaron, al no asistir, la mayoría de los concesionarios del transporte público. Pues sólo se hallaban allí dos o tres de sus líderes, y  acaso un docena de los concesionarios. Siendo tal vez por eso, que uno de los conferencistas dio a entender que las autoridades  ausentes tal vez no acuden por considerar que ya saben todo lo que hay que saber sobre el transporte y la vialidad, y que los transportistas tampoco van porque lo único que les interesa es que sus camiones anden circulando y sus choferes cobrando, sin tomar en cuenta la responsabilidad que deriva del hecho de ser beneficiarios de una concesión para brindar un servicio público.

Es imposible presentar aquí todas las ideas, las críticas y las propuestas de solución que allá se expusieron; pero algunas ideas me quedaron muy claras: el problema del transporte seguirá creciendo si no se toman, ya, algunas resoluciones precisas: la primera tendría que ir en la línea de que las concesiones de transporte público que se otorguen sean condicionadas a que los concesionarios respondan a criterios de calidad y de efectividad muy bien establecidos; de tal manera que si no cumplen con ello en un plazo prudente, se les retiren. La segunda, que debemos desalentar el uso del automóvil particular y que, por contraste, debemos alentar el uso cotidiano de las bicicletas, como coincidentemente escribió aquí, Armando Martínez de la Rosa.
Y el aliento para el uso de las bicicletas debe darse pronto, y puede comenzar, aún sin ciclopistas establecidas para pedalear seguros, con la selección o marcaje de ciertas calles paralelas a las avenidas para que sean de uso casi exclusivo de los ciclistas. Involucrando en esto a las autoridades educativas y laborales, para que todos los estudiantes de nivel secundaria para arriba, y todos trabajadores que lo deseen, puedan adquirir sus bicicletas con facilidades de pagos, y transportarse en ellas desde sus hogares hasta sus centros de estudio, de trabajo o de diversión y viceversa. Pudiendo ser ésa, una manera de evitar que, contra lo que nos advirtió el título de aquella película, “el destino nos alcance” en nuestra zona metropolitana. Evitando así que nuestro entorno se siga contaminando por las emanaciones de los cada vez más numerosos automotores.


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