sábado, 3 de diciembre de 2011

La Accesibilidad y los zapatos del otro


Por David E. Monroy Rodríguez

dmcol@prodigy.net.mx

Los dos proyectos fueron anunciados con todo el bombo y platillo que la ocasión ameritaba. Pero ante todo, les resaltaban el hecho de ser obras públicas de vanguardia porque entre sus atributos tenían el de la añorada accesibilidad, y porque entonces posibilitaban el desplazamiento fácil, seguro y cómodo, de las personas con movilidad reducida especialmente de quienes tienen algún tipo de discapacidad.

A principios de 2009 fueron inaugurados El cocodrilario de Alcuzahue, en Tecomán, y el andador que conecta Colima con el Rancho de Villa, éste último como parte de un programa llamado “Rescate de Espacios Públicos”, y ambos diseñados y ejecutados por las correspondientes instancias del Gobierno del Estado.

Esencialmente, ambos proyectos ofrecen como característica principal el desplazamiento (amén de que hay algunos otros servicios dentro de la reserva natural dedicada a la protección y preservación de cocodrilos), sin embargo, la sencilla actividad de desplazarse por ambos caminamientos resultar cansada, incómoda, riesgosa y decepcionante.

Si bien fueron diseñados con buena fe, y con la mejor de las intenciones, los encargados de ejecutar dichas obras tuvieron, y siguen teniendo, a muy malos asesores en el tema de discapacidad y accesibilidad.

En el cocodrilario, por ejemplo, se construyó un caminamiento alrededor del vaso lacustre La Colorada, que es donde se encuentra la reserva natural, y desde el cual es posible observar con tranquilidad y seguridad toda la flora y fauna que pertenece a este ecosistema.

Dicho caminamiento fue construido con fajillas o peldaños de manera de palma, colocados de manera transversal, uno junto a otro, por todo lo largo del recorrido turístico. Hasta ahí muy bien; sin embargo, los ejecutores de la obra pasaron por alto un pequeño detalle: adquirieron madera que no estaba completamente seca y al paso de las semanas ésta fue reacomodándose, reajustando su forma, de tal suerte que entre un madero y otro se crearon pequeñas elevaciones de dos o tres centímetros, ocasionando la pérdida de la uniformidad en el nivel del camino.



Si observa la imagen, seguro pensará que el camino es perfecto, pero para una persona que se traslada en silla de ruedas, con dificultades de fuerza en sus brazos, dos o tres centímetros de desnivel entre madero y madero, significan la diferencia entre un paseo placentero y un recorrido extenuante. En mi caso, por ejemplo, aun siendo un andador de un solo nivel, me obligó a ser movilizado con el apoyo de dos personas que terminaron el trayecto sin deseos de volver, ya que era necesario empujar y jalar la silla para que sus ruedas no se atoraran en los micro desniveles generados por el reajuste en la forma de la madera.

En un caso similar podemos encontrarnos si decidimos transitar por el andador que conecta la ciudad de Colima con la comunidad del Rancho de Villa, paseo acostumbrado de miles de colimenses en sus periódicas visitas al santuario religioso que ahí se ubica.

Por estética, por economía, o por una sencilla ocurrencia, dicho andador fue cubierto con piso o concreto estampado, el cual presenta unas pequeñas olas o rugosidades con fines meramente decorativos. Sin embargo, transitar dicha banqueta sobre una silla de ruedas provoca una suerte de brincos consecutivos que se hacen interminables. Si bien ese brincoteo pone en riesgo la seguridad estructural de una silla de ruedas, es mayor el riesgo para un usuario con lesiones en su columna vertebral, lesión medular, espina bífida, o parálisis cerebral.

Es importante pues, que los actores involucrados en la ejecución de obra pública o privada busquen primero asesoría competente, pero además de eso, es necesario que los diseñadores, arquitectos, ingenieros, supervisores, funcionarios con capacidad de decisión, o cualquier otro servidor público involucrado, se pongan primero en los zapatos del otro, para no pensar que dos centímetro son cualquier cosa, que un pequeño escalón no representa obstáculo importante, que la rugosidad en el piso a nadie le incomoda, o que las críticas son sólo cosa de exagerados.

Cuando un servidor público se sitúa en los zapatos del otro, está en una inmejorable posibilidad de ofrecer servicios públicos de calidad, administración pública de excelencia, y sustento ético para una verdadera vida democrática, donde los ciudadanos puedan acceder en igualdad de condiciones a todas las posibilidades de nuestra vida social.


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