viernes, 10 de septiembre de 2010

Las Ciudades Invisibles

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Escrito por Gisela Méndez







Título original: Le città invisibili (1972)


Italo Calvino (1923-1985), es uno de los escritores italianos más representativos del siglo XX. Su estilo de narrativa ha sido reconocido y estudiando mundialmente. Otros títulos importantes: Marcovaldo, Si una noche de invierno un viajero, El Barón Rampante, entre otros.

Este libro es una referencia obligada para cualquier amante de los temas de la ciudad. Italo Calvino, sin ser urbanista (gracias a Dios) nos ofrece una visión romántica de las ciudades de la imaginación. Cualquiera de ellas puede ser habitada, vivida, soñada o deseada. Las ciudades y el cielo es un fragmento que nos recuerda porque debemos planear nuestras ciudades.

Las ciudades y el cielo

Con tal arte fue construida Andria, que cada una de sus calles corre siguiendo la órbita de un planeta, y los edificios y los lugares de la vida en común repiten el orden de las constelaciones y las posiciones de los astros más luminosos: Antares, Alferaz, Capilla, las Cefeidas. El calendario de la ciudad está regulado e modo que los trabajos y oficios y ceremonias se disponen en un mapa que corresponde al firmamento en esa fecha: sí los días en la tierra y las noches en el cielo se reflejan mutuamente.
De manera que a través de una reglamentación minuciosa, la vida de las ciudades transcurre calma como el movimiento de los cuerpos celestes y adquiere la necesidad de los fenómenos no sometidos al arbitrio humano. A los ciudadanos de Andria, alabando sus producciones industriosas y su sosiego espiritual, hube de declararles: -Comprendo bien que vosotros, que os guardéis de introducir en vuestra ciudad y en vuestras costumbres el más leve cambio. Andria es la única ciudad que conozco a la cual le conviene permanecer inmóvil en el tiempo.
Se miraron estupefactos. -Pero ¿por que? ¿Y quien lo ha dicho? -Y me llevaron a visitar una calle colgante abierta recientemente sobre un bosque de bambúes, un teatro de sombras en construcción en el lugar de la perrera municipal ahora trasladada a los pabellones del antiguo lazareto suprimido por haberse curado los últimos apestados y, apenas inaugurados- un puerto fluvial, una estatua de Tales, un tobogán.

-¿Y estas innovaciones no turban el ritmos astral de vuestra ciudad? -pregunté.
-Tan perfecta es la correspondencia entre nuestra ciudad y el cielo -respondieron-, que cada cambio de Adria comporta alguna novedad entre las estrellas.

Los astrónomos escrutan en cielo con sus telescopios después de cada mudanza que se produce en Adria y señalan la explosión de una nova o el paso del anaranjado al amarillo en un remoto punto del firmamento, la expansión de una nébula, la curva de una vuelta de la espiral de la Vía Láctea. Cada cambio implica otros cambios en cadena, tanto en Andria como entre las estrellas: la ciudad y el cielo no permanecen jamás iguales.

Del carácter de los habitantes de Andria merecen recordarse dos viturdes: la seguridad en sí mismos y la prudencia. Convencidos de que toda innovación en la ciudad influye en el dibujo del cielo, antes de cada decisión calculan los riesgos y las ventajas para ellos y para el conjunto de los mundos.

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